Educar es mi pasión, ser docente mi vocación.

El inicio

Aún sin cerrar los ojos, puedo visualizar como un vívido recuerdo, esos muros en dos tonos de azul que dominaban las paredes de las habitaciones de la casona de Apartado 30 en el centro de la Ciudad de México. Este espacio albergaba en la década de los setentas, mi querida escuela primaria, el Instituto Latino Americano. Un sitio propio para educar.

Dentro del aula, que en 1973 ocupaba segundo grado, se podía ver en el muro del frente a un costado del pizarrón un cartel de color blanco y grandes letras negras . “Educar antes que enseñar”. dictaba el sobrio cartel. A esa edad, entre siete y ocho años, no era fácil comprender el significado de tan profundas palabras. Sin embargo, el amor, la dedicación y la firmeza de nuestra Maestra de ese curso, nos guiaron en un proceso exitoso de formación más que de información.

Mi grupo de segundo año. Juntos para educar
Grupo de segundo grado. Instituto Latino Americano. CDMX, 1973.

Ese año precisamente viví una experiencia que para muchos de mis oyentes cuando la platico suena a pesadilla. Debido a circunstancias familiares, mi segundo grado lo cursé dos veces. Sí, pero no una trás otra, sino las dos al mismo tiempo. Por las mañanas vestía mi uniforme y cargaba mi mochila para ir al Instituto. Por las tardes asistía a la Abraham Castellanos, escuela pública en la que mi madre daba clases en un grado superior y me llevaba con ella, con otro uniforme y una segunda mochila.

¿Se imaginan? doble tarea, doble de todo y realmente me gustaba. Tal vez de ahí mi pasión por los recintos educativos. Nunca me molestó.

Regresando a la casona, mi paso por todas sus habitaciones durante esos 6 años de primaria, me permitieron aprender mucho como estudiante, educarme como persona y aun sin darme cuenta, muchos años más tarde, llevar a la práctica diversas estrategias didácticas que abrevé de la sapiencia de enseñar de mis queridos maestros.

La decisión de educar

Mi escuela primaria, mi niñez al lado de mi madre maestra y todas las tías maternas, maestras también, (aunque no todas convencidas de serlo, esa es otra historia) mi gusto por la lectura y mi incansable deseo por saberlo todo, me convirtieron en un estudiante adolescente verdaderamente insufrible.

Si el docente de secundaria no demostraba control del grupo ni dominio de su materia con seguridad sería blanco de mi atención y de mis críticas. Tantos problemas di a mis profesores de esa etapa, que en ese momento ninguno pudo haber adivinado que la docencia sería mi vocación.

Al finalizar la secundaria, mi madre tuvo la osadía de sugerir que ingresara a su Alma Mater, la Escuela Nacional de Maestros. Menuda discusión se armó entre todas las maestras de la familia. Había entonces dos caminos posibles, la primera era ir a la escuela nacional preparatoria de la UNAM y egresar como bachiller en 3 años y la segunda, concluir en 4 años el Plan 75R en la Nacional de Maestros y egresar como bachiller y adicionalmente como Profesor de Educación Primaria Titulado. Adicionalmente, esta opción, me otorgaría una plaza federal como docente de primaria.

La voluntad de Dios fue que me decidiera por el plan de 4 años, haciéndome acreedor a sus beneficios y a la posibilidad de continuar adelante hacia un grado universitario.

Y así fue, presenté mi examen de admisión y fui aceptado ocupando el tercer lugar de los 1,200 aceptados de entre 25,000 aspirantes en esa convocatoria.

La revelación por educar.

Durante los primeros meses en la Escuela Normal, en el 82, no distinguí el valor de mi formación. La última semana del mes de enero del 83 representó para mí la revelación de mi vocación docente. Al finalizar cada semestre los estudiantes normalistas, participábamos de una actividad conocida como Práctica Intensa. En ese primer año, la experiencia de esa semana vino a transformar mi visión y a definir claramente mi vocación.

Mi asignación fue acompañar a un normalista de tercer año en una escuela urbana en lo que hoy es la Alcaldía Iztacalco de la CDMX. El objetivo de la práctica era hacerse cargo del grupo a tiempo completo durante toda una semana. El docente titular observaba el desempeño, emitía sus recomendaciones y apoyaba con la disciplina si era necesario. Mi rol era simple, observar como lo hacía mi compañero y apoyarlo en lo que me indicara.

Lo extraordinario sucedió el miércoles al regresar de la hora del recreo, mi compañero normalista me indicó que me haría cargo de las actividades de el resto del día al frente del grupo, pues en su opinión, si no lo hacía no podría decir que había vivido una semana de práctica intensa.

¿Pueden visualizar esa imagen? Los chicos, en ese momento mis alumnos, tenían edades que oscilaban entre los 10 y los doce 12 años.Yo aún no cumplía los 16.

¿Cuántos eran? Eran 36. Nunca olvidaré esas 36 caritas mirando atentamente lo que les iba a decir y siguiendo al pie de la letra mis instrucciones. Esa sensación tan satisfactoria, se reforzaría los días siguientes con la permanente compañía de algunos alumnos en los momentos de recreo. El placer de convertirte en alguien para ellos y ver sus expresiones al descubrir algo nuevo que les has compartido es indescriptible.

En las siguientes siete prácticas intensas pude repetir la experiencia hasta que terminó la Escuela Normal. Entonces, salí a enfrentarme a la realidad de ser el único responsable de mi labor docente al frente de un grupo.

Mi ejercicio profesional.

En 1986 me hice cargo de mi primer grupo de segundo de primaria. A partir de entonces fui docente de primaria y secundaria. Después de estudiar la Licenciatura en Informática, hice tareas de capacitación y pude impartir clases en Licenciatura, desde 1995. En el 2000 concluí mi Maestría y desde 1999 inició mi labor como docente de posgrado en Maestrías y Especialidades. He sido docente en Diplomados y múltiples cursos de educación continua. Hasta la fecha continúo disfrutando el placer de servir al a educación en licenciatura, maestría y formación docente.

Aquel cartel de mi escuela primaria se convirtió en mi premisa como docente: “Educar antes que enseñar” y gozo todos los días de mi ejercicio docente bajo los siguientes principios.

  • Todos los días aprendemos, no lo sabemos todo, cada estudiante es un maestro capaz de compartirnos algo y de quién debemos aprender.
  • Cada estudiante es único, no es una matrícula o un dato de la estadística. Es un valioso ser con dignidad e integridad que merece todo nuestro respeto.
  • Las acciones dicen más que las palabras. Como docentes tenemos el compromiso de ser congruentes y dar testimonio de vida.
  • La mejor forma de ayudar a nuestros estudiantes comienza con nuestra disposición a escucharlos.
  • La información se obtiene en cualquier fuente hoy en día, pero la formación solo la obtenemos de nuestros mejores docentes.
  • Es un compromiso seguirnos preparando en nuestro desarrollo profesional. Y finalmente, no olvidemos que:

Antes que enseñar es educar.

39 comentarios en «Educar es mi pasión, ser docente mi vocación.»

    • La vocación y la congruencia de un docente son fundamentales para la sólida formación del alumno. Te das cuenta de lo que esto significa y lo difícil que es, cuando intentas ser maestro. Respeto siempre la pasión de alguien cuando hace algo a fondo, al 100. Un abrazo.

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  1. Una hermosa reflexión que ojalá representara a la mayoría de docentes. En las aulas, físicas o virtuales, no se necesitan celadores ni enciclopedias vivientes, hacen falta personas que sepan enseñar a personas, transmitir emociones y plasmar valores aunados a la “información“ que se está aprendiendo.

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  2. Usted es un claro ejemplo de la frase: “Hagas lo que hagas, hazlo con pasión”. Siga compartiendo más experiencias y más recuerdos. <3

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  3. Gerardo, Excelente vocación; y felicitaciones por la decisión de compartir este espacio digital al cual auguro el mayor éxito.
    Saludos fraternos.

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  4. Gracias por compartir tu sentir. Las experiencias han hecho que nuestro andar en la docencia, sean fructíferas y enriquecedoras. Felicidades Gerardo.

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  5. La docencia, una vocación de altas y bajas pero con grandísimas satisfacciones. Gracias por compartir tan hermosa historia de vida en este espacio y gracias por ser ejemplo para tantos y tantos alumnos que ahora son grandes profesionistas gracias a esos conocimientos transmitidos.

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  6. Maestro, Raúl y yo le felicitamos mucho por la publicación, nos ha parecido un gran texto, sobre todo porque logra transmitir mediante la narración de sus vivencias su pasión por el aprendizaje y la enseñanza, esto lo conecta muy bien con su vocación, considero que el texto proporciona una visión clara y fresca de lo que significa ser docente.

    Estaríamos encantados de seguir leyendo sus publicaciones.
    Con mucho cariño Caro y Raúl.

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  7. En 1986 yo estaba naciendo y usted ya estaba enseñando como responsable de un grupo, magnífico desempeño mi Profe … Dios me lo bendiga. ¿Se dio cuenta que el segundo grado de primaria fue primordial en varias fases de su desarrollo? … BENDICIONES.

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  8. En definitiva quienes hemos tenido la oportunidad de aprender de usted, sabemos que su vocación es la docencia, y que lo hace con pasión. Solo hay que ver la cantidad de vidas que ha marcado en su trayectoria, y las que faltan! Un abrazo enorme, saludos.

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  9. ¡Gracias a Dios eligió ser docente! No solamente ha dado clases a muchos alumnos, también tocó muchos corazones y ayudó a que seamos mejores personas y profesionistas.
    Recuerdo esa conversación que tuvimos en el 2011, calmó mis preocupaciones y miedos en mi época de estudiante de licenciatura, sin sus consejos tal vez hubiera tomado un rumbo equivocado. ¡Infinitas gracias por todo!!

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    • Dios nos conduce para hacer su obra y nos une para nuestro bien y el fortalecimiento de su voluntad. A ti te puso en mi camino y hoy Laurita y yo somos felices de acompañarles en su vida. Gracias por escucharme.

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  10. Mi querido y apreciado Mtro. Gracias por platicarnos sobre sobre su hermosa formación y hacernos sentir que somos especiales para cada maestro con los que coincidimos en nuestra formación académica ya que usted en su relato expresa la buena formación y educación que tuvo en su infancia y juventud para podernos transmitir el amor por la educación. Al leer el post llego a la conclusión que usted desde siempre tuvo la vocación y el amor por la enseñanza. Gracias por haber sido mi maestro.

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    • Todos y cada uno son especiales para mi y me hace feliz saber que logro transmitir ese mensaje. Gracias por tus palabras y por supuesto por haber sido mi alumna. Y mantenerme siempre presente.

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  11. Excelente aportación maestro Gerardo, tengo el gusto de decir que fue mi maestro y sigue siéndolo. El punto último, número 2, sin duda es uno, que, sin duda, ha seguido siempre en sus clases.
    Ha sido todo un orgullo ser su alumna, y haber aprendido tanto, entre muchas cosas, mi gusto por la docencia. Un abrazo maestro y muchas gracias por seguir compartiendo su conocimiento.

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    • Gracias Viri, me siento orgulloso de verte en esta maravillosa tarea que es noble y apasionante. Y en efecto, son únicos. Saludos, seguimos en la práctica.

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  12. Educador por vacación, ejemplo de muchos e inspiración de docentes, muchas gracias por compartir sus experiencias, por siempre estar para dar un consejo, para animar.

    Su siempre admiradora

    Elvira Quetz

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  13. Como muchos de los que comentan, también tuve la fortuna de ser su alumno y soy testigo de que en ese salón de clases, Gerardo Navarrete lo da todo porque al salir, cada alumno, con sus diferentes ideologías e intereses, se lleve un conocimiento nuevo.

    Creo que cada ciclo profesional tiene principio y fin pero la vocación y el amor por lo que se hace no, como tampoco los conocimientos y las habilidades que pueda adquirir y también compartir, quizás hoy no este haciendo lo mismo de ayer, ayer tampoco hizo lo mismo que antier, pero estoy seguro que una persona tan preparada y con tanto por compartir tiene todavía mucho por hacer, mucho por educar para enseñar y espero que esas oportunidades se presenten, confío en que así será.

    ¡Muchas felicidades por todo lo logrado y mucho éxito en lo que está por venir ;)!

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